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La bicicleta de David Byrne

Desde que se dio a conocer como líder de la banda Talking Heads, David Byrne ha sido considerado un creativo polifacético, ya sea como músico en diversos géneros y con proyectos como su disquera Luaka Bop, o como artista plástico generando exhibiciones de arte e instalaciones públicas, y publicando, además, ensayos y más de media docena de libros. Sin duda, un sensible ciudadano del mundo.

A principios de los ochenta, David decidió utilizar la bicicleta, a manera de prueba, para moverse de un sitio a otro en una de las más complejas ciudades del mundo, Nueva York. Aunque su vida se encontraba entonces más o menos restringida al centro de Manhattan, en lugares como el East Village y el Soho, se sintió cómodo con el vehículo y con la sensación de energía y libertad que le brindó. Desde entonces, por más de treinta años, ha utilizado la bicicleta como principal medio de transporte, al grado de que en sus viajes lleva una bicicleta portátil entre su equipaje, con la cual recorre el entorno y registra lo que en él sucede.

Sus andanzas en bicicleta por varias ciudades del mundo son las que sirven de hilo conductor paraDiarios de Bicicleta, su más reciente libro publicado en 2009 -y traído a México en español por la editorial Sexto Piso-, en el cual se permite compartir sus pensamientos y reflexiones, con la bicicleta como pretexto, sobre casi cualquier tema: arquitectura, música, arte, viajes, política, cocina o religión.

De acuerdo con Byrne, las ciudades pueden ser vistas como proyecciones tridimensionales de las esperanzas, sueños y miedos de la gente. Basta con ver las colmenas de edificiosque hemos construido para saber qué pensamos, qué creemos que importa, cómo vivimos y cómo actuamos. Ir en bicicleta a través de todo esto es como navegar por las vías neuronales colectivas de una especie de enorme ente global.

Aunque considera que estar de paso por esas ciudades le da un panorama superficial y limitado, David Byrne nos muestra en Diarios de Bicicleta un vistazo a la vida urbana de ciudades como Berlín, Estambul, Buenos Aires, Manila, Sídney, Londres, San Francisco y Nueva York, desde la perspectiva de un observador con una percepción aguda y gran sentido del humor.


El Espacio Cultural La Bicicleta esta en Falucho 4466.

Los esperamos para compartir los diversos talleres que año a año se van desarrollando.

Tambien, somos un grupo de investigacion en artes escenicas, disponibles a las multiples expresiones que suceden

en Mar del Plata.

Estan todos invitados a proponer cualquier clase de intervencion artistica en el espacio.


Una de las formas de comunicarse con nosotros es a: elquetienesed@live.com.ar



martes, 20 de marzo de 2012

Taller de Teatro



Martes de 2030 a 2230
Inicio:10 de abril

Duración: de Abril a Diciembre
Arancel: $100 por mes


El ridículo, gran herramienta. 
(...) Y así, atando cabos, aparece la herramienta: perder el miedo al ridículo.
De esa frase tan simple se desprende, por ejemplo, nuestro gran esfuerzo por hacer las cosas bien, que en nuestro campo específico se traduce en: ser grandes actores y actrices. En ese camino descartamos todo los que nos parece de ante-mano (antes de meter mano, de poner el cuerpo) que no corresponde, que nos dejaría en una posición ridícula, que develaría nuestra incapacidad actoral. Este descartar hace que no nos encontremos con infinidad de lugares propios que serían de una u otra manera un aporte a nuestro bagaje actoral.
En otros términos me refiero a ese miedo, que nos paraliza, esas voces internas que nos dicen: “¡NO! ¿Qué dije?, ¡va a penar que soy una idiota!”  son ellos los culpables de que nuestra actuación sea tan mentirosa, rozando la pobreza. Pobreza de matices, de energías, de voces, de corporalidades. Lanzarse sin miedo a transitar el ridículo es no mentir. Es entregarnos, exponernos, con la inteligencia de quien se ríe de si mismo, sabiendo que nada grabe puede pasar.  En otros términos me refiero a ese miedo, que nos paraliza, esas voces internas que nos dicen: “¡NO! ¿Qué dije?, ¡va a penar que soy una idiota!”  son ellos los culpables de que nuestra actuación sea tan mentirosa, rozando la pobreza. Pobreza de matices, de energías, de voces, de corporalidades. Lanzarse sin miedo a transitar el ridículo es no mentir. Es entregarnos, exponernos, con la inteligencia de quien se ríe de si mismo, sabiendo que nada grabe puede pasar. 

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